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Lo que siempre está allí
Marcelino Menéndez Gonzáles
Editorial Azarbe, 2009
Lo que siempre está allí (Editorial Azarbe, 2009) del poeta español Marcelino Menéndez Gonzáles (Asturias, 1933) es un canto etéreo que se sumerge en el enigma de lo ignoto. El poeta nos dice desde sus primeros versos que somos de alguna manera pasajeros del destino, de lo innombrable, del tiempo y su devenir. Y es que la sencillez de los primeros versos, muestran de manera certera y consecuente el tema capital con el que se irá hilvanando este poemario: El deseo por conocer y explicar aquello que parece incognoscible o inexplicable.
Los misterios no se eslabonan unos a otros,
ya que surgen de manera inesperada para
que los podamos descubrir y, al hacerlo,
despierten y enciendan sensaciones únicas
que, sin duda, alteran nuestra forma de vida.
La voz del poeta como observamos, intenta una expresión de lo misterioso, de aquello que no está en concreto, sino que está de alguna manera sugerido en sentimientos para que al captarse se logre una especie de revelación placentera. Es aquí donde la idea del destino y el tiempo se funden en un solo discurso que madurará ineludiblemente en un canto universal hacia la vida y su intenso disfrute diario a pesar de desconocer lo que ella nos depara:
Entregarme a cada instante de vida
buscando lo mágico que pueda caber en un día,
o el sabor que puede tener una tarde,
creyendo, eso sí, que todo es posible
a pesar de la realidad que quiera cambiarlo.
A lo largo de este poemario, el poeta va a cuestionarse a cada instante en que descubre las inconsecuencias del mundo que lo rodea. Lo inexplicable de algunas cosas que alrededor se suscitan son fuentes expresivas para el yo poético que busca en el problema existencial de la duda, un nuevo conocimiento en el convite de la reflexión:
Y me pregunto ¿para qué soñar si no hay
sueños? Y en la nada ¿todo es infinito?
A veces pienso que somos como una peonza
de distintas franjas de colores pero que,
al girar a gran velocidad se diluyen en uno solo,
y así acabamos siéndolo, como un ser
finito creado, en su propio crisol de vida,
rotando alrededor de nuestro propio mundo.
En la poesía de Marcelino el rezo se hace de manera casi de aforismo. Aquí las distintas alusiones al tiempo, a la experiencia de vida, a ese palpar la soledad, la angustia, el amor y el odio, ser del día y aprehenderlo hasta hacerlo identidad, nombre propio, crean en el discurso un magnetismo que motiva a una lectura pausada, pero a la vez intensa y sin andamiajes, como en el poema Percepción, donde la vida cobra un sentido que trasciende lo meramente sensual para convertirse en ese conocimiento, en esa experiencia vital con la que ni el tiempo, ni la soledad pueden combatir: La belleza del instante inmortalizado en poesía.
Palpar las diferencias, cambios y alteraciones
y del cómo la soledad no hace preguntas
cuando se vuelve infinita... y, en el ámbito
de las meditaciones, ver cómo surge aquella
en la que te detienes, porque no encuentras la respuesta,
ya que se necesita poseer una inteligencia
que juzgue y un conocimiento previo que sea
la base en que se apoye un juicio moral y que,
A veces, llamamos conciencia...
Y ya el poeta en su último cantar, nos vuelve a dar esa esperanza del vivir. Su canto es ahora el aforismo de la vida a pesar de lo adverso, a pesar de los desmanes. Los últimos poemas de este libro son un honesto discurso hacia la vida y la experiencia de la misma. El poeta quiere que vivamos, que sintamos, que nos dolamos, que soñemos y a la vez pisemos tierra, porque la poesía es experiencia en el andar, sensación hecha palabra, anhelo de querer ser el instante a pesar del tiempo que no cesa nunca:
Vivir el continuo instante que viene
tal como surge, aceptándolo sin condiciones
y saber disfrutarlo con intensidad. Si es
positivo y afrontarlo con realidad, si es
negativo, pero sin perder el equilibrio
del horizonte emocional y matizándolo
del sentimiento adecuado.
Poesía de la sencillez, de la experiencia vital que cobra forma con cada verso, con cada testimonio que nos confiere la palabra en este libro. Marcelino ha logrado pausadamente, pero con gran acierto e intensidad, un lenguaje para todos, un Norte personal al cual orientarse en esos momentos de incertidumbre. He aquí el poeta que ha vivido mil mundos y mil sensaciones, y acaso, aún espera mucho de la vida.
P.A.
Sobre el autor:
Marcelino Méndez González. 24 de Febrero de 1933, en Asturias, España. Ha vivido en varios países de América, Estados Unidos, Canadá, México 35 años. Actualmente en Murcia (España). Escribe desde el año 2000. Tiene 47 libros escritos de los cuales 38 son de poesía. Pendientes de editar los títulos Vibraciones, Plectro (Fantasía), Destellos y Las Páginas Gastadas. Es socio de poetas de las Torres de Cotillas, Poetas del Casino de Murcia y de la Fundación Amigos de la Lectura. Su página web es:
http://marcelinomenendez.blogspot.com
Marcelino Menéndez Gonzáles
Editorial Azarbe, 2009
Lo que siempre está allí (Editorial Azarbe, 2009) del poeta español Marcelino Menéndez Gonzáles (Asturias, 1933) es un canto etéreo que se sumerge en el enigma de lo ignoto. El poeta nos dice desde sus primeros versos que somos de alguna manera pasajeros del destino, de lo innombrable, del tiempo y su devenir. Y es que la sencillez de los primeros versos, muestran de manera certera y consecuente el tema capital con el que se irá hilvanando este poemario: El deseo por conocer y explicar aquello que parece incognoscible o inexplicable.
Los misterios no se eslabonan unos a otros,
ya que surgen de manera inesperada para
que los podamos descubrir y, al hacerlo,
despierten y enciendan sensaciones únicas
que, sin duda, alteran nuestra forma de vida.
La voz del poeta como observamos, intenta una expresión de lo misterioso, de aquello que no está en concreto, sino que está de alguna manera sugerido en sentimientos para que al captarse se logre una especie de revelación placentera. Es aquí donde la idea del destino y el tiempo se funden en un solo discurso que madurará ineludiblemente en un canto universal hacia la vida y su intenso disfrute diario a pesar de desconocer lo que ella nos depara:
Entregarme a cada instante de vida
buscando lo mágico que pueda caber en un día,
o el sabor que puede tener una tarde,
creyendo, eso sí, que todo es posible
a pesar de la realidad que quiera cambiarlo.
A lo largo de este poemario, el poeta va a cuestionarse a cada instante en que descubre las inconsecuencias del mundo que lo rodea. Lo inexplicable de algunas cosas que alrededor se suscitan son fuentes expresivas para el yo poético que busca en el problema existencial de la duda, un nuevo conocimiento en el convite de la reflexión:
Y me pregunto ¿para qué soñar si no hay
sueños? Y en la nada ¿todo es infinito?
A veces pienso que somos como una peonza
de distintas franjas de colores pero que,
al girar a gran velocidad se diluyen en uno solo,
y así acabamos siéndolo, como un ser
finito creado, en su propio crisol de vida,
rotando alrededor de nuestro propio mundo.
En la poesía de Marcelino el rezo se hace de manera casi de aforismo. Aquí las distintas alusiones al tiempo, a la experiencia de vida, a ese palpar la soledad, la angustia, el amor y el odio, ser del día y aprehenderlo hasta hacerlo identidad, nombre propio, crean en el discurso un magnetismo que motiva a una lectura pausada, pero a la vez intensa y sin andamiajes, como en el poema Percepción, donde la vida cobra un sentido que trasciende lo meramente sensual para convertirse en ese conocimiento, en esa experiencia vital con la que ni el tiempo, ni la soledad pueden combatir: La belleza del instante inmortalizado en poesía.
Palpar las diferencias, cambios y alteraciones
y del cómo la soledad no hace preguntas
cuando se vuelve infinita... y, en el ámbito
de las meditaciones, ver cómo surge aquella
en la que te detienes, porque no encuentras la respuesta,
ya que se necesita poseer una inteligencia
que juzgue y un conocimiento previo que sea
la base en que se apoye un juicio moral y que,
A veces, llamamos conciencia...
Y ya el poeta en su último cantar, nos vuelve a dar esa esperanza del vivir. Su canto es ahora el aforismo de la vida a pesar de lo adverso, a pesar de los desmanes. Los últimos poemas de este libro son un honesto discurso hacia la vida y la experiencia de la misma. El poeta quiere que vivamos, que sintamos, que nos dolamos, que soñemos y a la vez pisemos tierra, porque la poesía es experiencia en el andar, sensación hecha palabra, anhelo de querer ser el instante a pesar del tiempo que no cesa nunca:
Vivir el continuo instante que viene
tal como surge, aceptándolo sin condiciones
y saber disfrutarlo con intensidad. Si es
positivo y afrontarlo con realidad, si es
negativo, pero sin perder el equilibrio
del horizonte emocional y matizándolo
del sentimiento adecuado.
Poesía de la sencillez, de la experiencia vital que cobra forma con cada verso, con cada testimonio que nos confiere la palabra en este libro. Marcelino ha logrado pausadamente, pero con gran acierto e intensidad, un lenguaje para todos, un Norte personal al cual orientarse en esos momentos de incertidumbre. He aquí el poeta que ha vivido mil mundos y mil sensaciones, y acaso, aún espera mucho de la vida.
P.A.
Sobre el autor:
Marcelino Méndez González. 24 de Febrero de 1933, en Asturias, España. Ha vivido en varios países de América, Estados Unidos, Canadá, México 35 años. Actualmente en Murcia (España). Escribe desde el año 2000. Tiene 47 libros escritos de los cuales 38 son de poesía. Pendientes de editar los títulos Vibraciones, Plectro (Fantasía), Destellos y Las Páginas Gastadas. Es socio de poetas de las Torres de Cotillas, Poetas del Casino de Murcia y de la Fundación Amigos de la Lectura. Su página web es:http://marcelinomenendez.blogspot.com
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